Aún no hay una versión clara sobre lo que sucedió, pero el
misterio de la muerte de los ‘Potrillos’ todavía conmueve al pueblo aliancista.
Naufragando en el mar de Ventanilla, todavía flotan la pena
y la incertidumbre de aquel 8 de diciembre de 1987. La tristeza porque Alianza
Lima perdió a su generación más brillante de los últimos años, destinada a
cortar una sequía de títulos que, entonces, se extendía a nueve años. Y las
dudas porque, hasta el día de hoy, no hay una versión completamente verídica
sobre lo que sucedió con los ‘Potrillos’ y el resto del plantel en ese Fokker
F-27 (placa A-560) de la Marina de Guerra del Perú.
Dos grandes teorías son las que han logrado imponerse en el
imaginario del público peruana. La primera, la más verosímil, es la del fallo
en el control de mandos. Había mucha neblina y aún así el avión recibió el
permiso para aterrizar, pero el ala chocó con el mar y ello generó que se
despedazara el vehículo. Sin embargo, esta versión pierde credibilidad porque,
primero, el único sobreviviente fue el piloto de la nave, Edilberto Villar
Molina; y en segundo lugar porque la Marina nunca permitió que los familiares
realizaran investigaciones privadas.
Esto llevó a la segunda gran interpretación, divulgada sobre
todo a través de testimonios de hinchas y personas allegadas a los futbolistas
fallecidos. Se dice que el plantel aliancista encontró drogas en el avión y,
para callaros y asegurarse de que no vayan a divulgarlo, fueron asesinados y
desaparecidos por los marineros. De aquí surgieron ‘evidencias’ como la libreta
electoral seca de un jugador o el calzoncillo con sangre de Marcos Calderón.
Sin embargo, estos relatos jamás obtuvieron una
confirmación. Y en 2006, los sociólogos Aldo Panfichi y Víctor Vich
desestimaron estas versiones a través de un estudio, atribuyéndolas al
imaginario popular producto del contexto social y político que vivía el país:
altos índices de pobreza y un Estado corrupto, donde el ‘bueno’ de la historia
(los jugadores de Alianza) se rebelaba ante el ‘malo’ (la Marina de Guerra del
Perú), pero sucumbía en el intento. Los dos académicos calificaron a estas
versiones como “construcciones fantasmáticas”.
27 años después todo sigue igual. Pero un acontecimiento
así, que valió que Peñarol de Uruguay juegue la Copa Intercontinental con un
cintillo negro o que Bobby Charlton hiciera pública su tristeza, acordándose
del accidente aéreo que sufrió el Manchester United en 1958, no merece pasar al
olvido. Hoy hay final. Hoy Aurich y Cristal empiezan a definir al campeón
nacional. Hoy, hinchas y jugadores de Alianza tienen algo mejor en que pensar.
Miguel Morales G.
lmorales@depor.pe

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