@horacon
Hubo una vez
en que Gladys perdió.
Era todavía
una deportista aficionada que se levantaba a las cinco de la mañana para salir
a correr en su natal Junín. Demoraba una hora y media en retornar a casa.
Mientras su padre se montaba en un caballo para trasladarse, a cuatro mil
ciento cinco metros sobre el nivel del mar, ella optaba por correr. En
realidad, Iba a todos lados corriendo. Hasta cuando su madre la enviaba a
comprar a la tienda leche. Por ese motivo, en su pueblo la conocían como la
gacela, aunque otras personas le llamaban correcaminos.
Gladys es la
última de nueve hijos. Su madre hizo lo que pudo para criar a todos por igual.
“No tenía bastante, hice lo que pude”, dice Marcelina Pucuhuaranga. Tejeda se
levantaba muy temprano para ir a correr. A las cuatro y media de la mañana ya
estaba de pie. El frío ni la lluvia eran un obstáculo para ella. Corría desde
las cinco hasta las seis y media, aproximadamente. En ese entonces, correr era
solo un hobbie. Aun así, contaba con el apoyo incondicional de su mamá.
“Regresaba cansada, pero como toda madre, me esperaba con la comida lista”,
cuenta la deportista peruana.
Hubo una vez
en que Gladys perdió. Cursaba la secundaria y solía competir en las actividades
deportivas que se realizaban dentro de su localidad. En una oportunidad, se
inscribió en una de las competencias de fondismo; sin embargo, no pudo obtener
el triunfo. Gladys había perdido. Fue segunda. Terminó en ese lugar porque no
tenía zapatillas. “Me presté unas de mi vecina, pero no me quedaron bien. Quedé
triste”. Fue, quizás, la primera gran decepción de Gladys. “Esa sí era una
competencia para ganar porque el primer puesto se llevaba una cocina bien
grande”, contó. Y es que Gladys no solo corría por amor a la tarea, también
corría para sobrevivir.
Aquella, sin
embargo, no fue el examen más difícil que tuvo que rendir en la vida. La muerte
de su padre fue un golpe mucho más duro, que incluso le hizo tambalear las
piernas. Sentía que estas ya no le respondían. Estuvo a punto de abandonarlo
todo. Pensó abandonar el sueño de ser profesional. “Fue muy duro. Perder a un
padre no es fácil. Ya no quería ir a correr, nada”, se sinceró Tejeda. Hoy, los
ojos se les llenan de lágrimas cuando habla de su padre. “Él no está muerto,
está siempre conmigo”.
Con el
tiempo Gladys entendió que la muerte de su padre era una prueba que debía
superar para mantener vivo el sueño de participar en los Juegos Olímpicos. Una
vez su hermano le preguntó si le gustaría estar en uno de estos eventos, cuenta
Tejeda. Ella no sabía por qué le preguntaba aquello. Gladys no tenía
conocimiento de que estos se repetían cada cuatro años.
Las
olimpiadas siempre fueron su debilidad. “Las miraba por televisión”, recuerda.
Le encataba sentarse junto a la televisión a observar las distintas disciplinas
que alberga un evento como este. Gladys quedó impactada. No por los deportes ni
la espectacularidad de una inauguración, sino por “ver a Perú sin muchos
deportistas” en los JJ.OO. Ese día, creyó que podía estar.
"Aprovecha", le dijo su madre.
Su carrera
dio un giro enorme cuando el Instituto Peruano del Deporte (IPD) la reclutó en
marzo del 2009 tras observarla en una competencia en Junín. De esta forma llegó
su primera gran prueba a nivel internacional. Fue en Bogotá, donde corrió la
21K. Nunca antes se había subido a un avión. Mucho menos había salido del país.
Quizás por eso Gladys considera este episodio fundamental en el inicio de su
carrera profesional. "Fue una experiencia que jamás olvidaré”, reflexiona.
En adelante, Gladys solo encadenaría una racha de triunfos, incluida una
medalla de oro en los Juegos Bolivarianos (2013).
Gladys
cumplió uno de sus principales sueños cuando clasificó a los Juegos Olímpicos
de Londres 2012, a los que acudió junto a su madre gracias a la ayuda de PyG.
Fue un gran apoyo para la deportista. En su historia, la madre fue fundamental
para desarrolarse no solo como persona, sino como competidora de primer nivel.
“Mi mamá es una gran pieza para mí. Si ella no se hubiera preocupado, yo no
hubiera llegado a todo esto. Ella es algo muy sagrado”, dice Gladys con una
sonrisa en el rostro.
Luego de
quedar en el cuarto lugar de la maratón internacional de Seúl, en Corea del
Sur, a la que acudió comprándose unas zapatillas de color amarillo de la marca
Nike, que las guarda como trofeo de guerra, obtuvo una marca “A” con un tiempo
de 2h.32m.32s, con lo que aseguró su presencia en Inglaterra.
En esos
juegos olímpicos, Gladys se encargó de flamear la bandera peruana, capitaneando
a la delegación peruana. Incluso por encima de Pancho Boza, reconocido
deportista peruano y ex presidente del IPD. Aquel día se vistió con un traje
típico de su provincia natal. Estaba feliz. Era lo que siempre había soñado.
“Estoy orgullosa de llevar la bandera peruana y quiero agradecer por esta
oportunidad”, dijo en ese entonces tras conocer al presidente Ollanta Humala en
Palacio de Gobierno.
En Londres,
Gladys quedó en el puesto 43 de la maratón. No le fue tan bien como esperaba.
Eso sí, pudo medir el nivel de competencia en el que estaba. Por eso, decidió
entrenar cada vez más fuerte y se puso una meta: en cada carrera, mejorar sus
tiempos. Gladys Tejeda tiene ahora otro gran objetivo que cumplir en su
carrera. “Mi sueño es estar en el podio y cantar el himno peruano en una
olimpiada”.
Hoy Gladys
levantó al Perú muy temprano y le regaló una alegría. Una más de tantas que nos
ha dado: consiguió la medalla de oro en la maratón de los Juegos Panamericanos
de Toronto 2015. Cumplió otro sueño. Cuando todos daban como favorita a Inés
Melchor -se retiró por una lesión-, Gladys demostró quién es la verdadera reina
del fondismo peruano.
"Gracias
a todo el Perú por seguirme y alentarme desde tan temprano. Me siento muy
contenta, es para lo que he estado trabajando. Estuve un mes lejos de mi
familia, de mi casa, entrenando en México. Me sentía muy bien preparada, segura
de mi entrenamiento”, sostuvo tras recobrar el aire. Así es Gladys, siempre
agradecida. Y siempre recordando de dónde vino: “Esto va para Junín”.
En las redes
sociales se viralizó una fotografía en la que aparece Gladys en la maratón de
hoy junto a las demás competidoras. Sus rivales llevan estampadas las marcas de
sus auspiciadores en los shorts. Ella no.
Y es que
Gladys es así.
Ella corre
como si el premio siguiera siendo una cocina bien grande.
Fuente: El
Comercio Deporte Total


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