Hoy es
Viernes Santo y lo primero que nos llega a la mente son imágenes de cruces,
sangre, clavos, latigazos, espinas y sufrimiento.
Aunque esto tiene gran
significado al ser muestras del gran sacrificio y entrega de Jesús, un día como
hoy es excelente para tener una reflexión profunda sobre lo que se puede
interpretar de la vida y pasión de Jesús el Nazareno.
Por ejemplo,
el mensaje de Jesús es lo que muchos sintetizan en estas palabras proclamadas
por él, “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado;
arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1.14- 15; Mateo 4.23-25). Aunque
esta proclamación es muy conocida y aceptada, nos puede generar esta pregunta:
¿A qué se refería Jesús con “El Reino de Dios”?
En mi
humilde interpretación el “El Reino de Dios” es el “Reino del Amor”. Amar fue sin duda la parte más importante de
las enseñanzas de Jesús, (Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a
los otros. Como os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros. En
esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los
otros. Juan 13:34-35).
Lo que
recordamos hoy Viernes Santo es la muestra y la lección más fuerte de ese amor
de Jesús, amor a los demás, amor por nosotros, y amor por toda la humanidad. El
“Reino del Amor” sea en el cielo o en la tierra seria el “Reino de Dios”. Lo
que comprueba todavía más las conocidas frases de “el amor lo es todo” y “Dios
es amor”.
Bueno, sea
cual sea la interpretación es evidente que Jesús ha tenido y sigue teniendo una
gran influencia en muchas vidas y que su sacrificio no ha sido en vano. Yo solo
soy un humilde servidor y simple mensajero. Espero que esto les puede servir de
base para una gran reflexión en este día.
Es conocido
que Cristo consistentemente usó la expresión “seguidores”, El nunca pidió
admiradores o adoradores. Sus enseñanzas eran para educar una vida como el
decía. Este Domingo de resurrección es una ocasión especial para comenzar o
enfatizar en una transformación positiva en nuestras vidas como seguidores de
Jesús y no solo como admiradores.
Por C-Vasquez
Mensaje por
Viernes Santo
Eran las
tres de la tarde en el calvario después de haber sido tratado de la manera mas
despiadada y violenta. Víctima de la ingratitud de su pueblo, de la cobardía de
la autoridad civil, de la dureza de corazón y del rechazo de autoridades
religiosas, del trato brutal de algunos soldados romanos y del abandono de casi
todos los suyos, expiró Nuestro Señor Jesucristo.
Murió después de encomendar
su espíritu al Padre. Nos estremecen y nos conmueven las circunstancias de su
muerte.
El profeta
Isaías describió al siervo de Yavhé de manera desgarradora: "Desfigurado,
no parecía hombre ni tenía aspecto humano, lo vimos despreciado y evitado por
los hombres como un varón de dolores acostumbrado a sufrimientos, desprecios.
Nosotros lo estimamos herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras
rebeliones, triturado por nuestros crímenes, maltratado, voluntariamente se
humillaba y no abría la boca, como un cordero llevado al matadero. Sin defensa,
sin justicia se lo llevaron, lo arrancaron de la tierra de los vivos";
hasta aquí el profeta.
Con razón
los improperios de este día Viernes Santo ponen una queja desolada en labios de
Jesús: "Pueblo mío, ¿que te he hecho? ¿En qué te he ofendido? Respóndeme.
Yo te saqué de Egipto, yo abrí el mar delante de ti, yo te guiaba con una
columna de nube, yo te di a beber el agua salvadora, yo te di un cetro real;
¿que más pude hacer por ti? Respóndeme". Dolorosa queja en labios de Dios
hecho hombre por amor a nosotros.
Los santos
al contemplar las llagas y la cruz de Cristo no podían separarse del crucifijo
sin decirse sobrecogidos: si sufrió tanto por mí, ¿cuánto me amaba? y ¿cuánto
me ama? Aquí reside el secreto del silencio de Jesús y de la renuncia a toda
defensa, aquí reside la explicación de su mansedumbre cuando se deja conducir
al lugar de la crucifixión.
Vino a este mundo a revelarnos el amor del Padre y
era necesario este nuevo árbol de la vida y de la ciencia del bien, en el cuál
confirmó que nos ama hasta el extremo, hasta el extremo de dar su vida por cada
uno de nosotros y por toda la humanidad, por cada uno de ustedes y por mi.
Tanto valemos a sus ojos y en su corazón.
Vino a
enseñarnos la ciencia del amor, este nuevo Adán que desde el árbol de la cruz
nos muestra en su cuerpo llagado la gran revelación, la nueva y eterna alianza
de Dios con nosotros mediante un vinculo indestructible: el mismo Señor Jesús
que abolió la enemistad y es nuestra paz. Desde la cruz el quiere enseñarnos a
amar para que sea nuestra la paz verdadera.
Él quiere decirnos que el amor
vence a la muerte, a los abusos de poder, a la tortura y a la infidelidad.
Desde entonces en cada niño desamparado, en cada mujer que sufre, en cada
obrero sin trabajo y en cada uno de nosotros, el Padre de los cielos, y por que
no también nosotros, encuentra el rostro de Cristo iluminado por el amor y la
obediencia, marcado por el dolor, pero también por la gloria que su Hijo ha
merecido para todos.
Qué misterio
de sabiduría y de misericordia. No tiene sentido indignarse contra quienes lo
hicieron sufrir y maltrataron sino tomamos conciencia de la ingratitud y del
mal del cuál nosotros mismos somos capaces. Los hechos no ocurrieron sólo hace
dos mil años, ocurren también en nuestros días porque el Señor nos dijo que
todo lo que hacemos a uno de nuestros hermanos pequeños a Él lo hacemos.
Por
eso si no nos acercamos al hambriento para darle de comer, ni al sediento, al
desnudo, al enfermo, al encarcelado, al cesante, al angustiado, al ignorante
para aliviar su sufrimiento es al mismo Señor a quien desconocemos o
rechazamos, a quien despreciamos o marginamos. No le estaríamos prestando el
servicio, el gesto de apoyo o de gratitud que con urgencia nos pide.
Peor aun
es la responsabilidad humana cuando se causa el sufrimiento, calumniando al
inocente, infiriendo heridas al adversario dando muerte al indefenso, haciendo
limpiezas étnicas, políticas o aun religiosas.
Qué la
muerte de nuestro Señor grabe en nuestro ánimo el más profundo rechazo a la
mentira y a la injusticia, a la prepotencia y a la violencia.
El poder, la
autoridad y las fuerzas que Dios nos da no las usemos para destruir sino para
construir en el espíritu de Jesús conforme a su verdad, su sabiduría y su amor
infinito. Este es el nuevo espíritu que necesitamos para dar forma a nuestra
convivencia en el próximo milenio.
Antes de
expirar el Señor le pidió a la Virgen María que asumiera a Juan como hijo suyo:
"Mujer ahí tienes a tu hijo"; a Juan le indicó "ahí tienes a tu
madre".
Se lo expresó a él pero la tradición comprendió muy pronto que se
lo decía a Juan y a todos los discípulos, también a nosotros; ahí tienes en la
Virgen María a tu propia madre.
Después de meditar en la Pasión y Muerte de
Nuestro Señor no dejemos de imitar el ejemplo del discípulo.
El Evangelio nos
relata "que desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa",
desde esta hora acojámosla en nuestro interior, en nuestra casa para que nos
enseñe el inconmensurable amor que Dios nos tiene y la fidelidad agradecida que
le debemos, y para que nos acerque a nuestros hermanos sufrientes en quienes
nos reencontramos con Nuestro Señor Jesucristo.
Mons. Francisco Javier Errázuriz

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