La XVII edición de los Juegos de la Juventud Trasandina que
tuvo a Perú como sede, pasó a ser una de los peores desde el punto de vista
organizativo. Y el abanderado fue sin duda el Concejo Regional del Deporte de
Cusco.
El décimo quinto título que obtuvo Arequipa, con un total de
3120 puntos, pasó a segundo plano a raíz del maltrato que sufrieron, hasta la
última jornada, las delegaciones que compitieron en la ciudad imperial.
Las pésimas condiciones de alimentación, hospedaje y traslado
llegaron a su clímax el último día de un certamen que ha sido secuestrado por
el centralismo limeño (IPD Lima), que ratificó que esta competencia,
literalmente, “les importa un rábano”.
Sorprendentemente los organizadores optaron por no realizar
la acostumbrada ceremonia de premiación, argumentando que no tenían a la mano
los puntajes de los resultados generales, cuando dicha tabulación ya circulaba
en redes sociales.
Hasta el cierre de esta edición se supo que la entrega de
los trofeos a los tres primeros puestos se iba a llevar a cabo ayer muy entrada
la noche, en la cena de gala a la que solo estaban invitados autoridades
deportivas y políticas. Es decir, la burocracia en su máxima expresión.
Lo claro es que los Juegos Trasandinos se han desnaturalizado
a consecuencia de ese afán que tienen algunas autoridades limeñas de
escritorio, de querer controlar todo sin el más mínimo conocimiento de un
certamen que irónicamente nació como antítesis del centralismo.
Otra interrogante que quedará pendiente, es si realmente los
aproximadamente 5 millones de soles que se destinó el IPD para estos juegos
fueron utilizados de forma transparente. En nuestra opinión creemos que no,
pero sin duda será materia de investigación.
Finalmente, a esto hay que sumarle la sumisión que mostraron
los presidentes de los concejos regionales del deporte de Arequipa, Cusco,
Puno, Tacna y Moquegua que dejaron notar un temor cómplice y a la vez
comprensible laboralmente.
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